domingo, 25 de diciembre de 2011

DEVENIR VICUÑA

DEVENIR VICUÑA

Hoy volví a verlo. Es que es mi hermano con pelaje corto, fino y lanoso, con sus incisivos inferiores, con la fachada de dientes en grieta. Volví a su cautiverio y fue mi doble pardo-rojizo entreverado entre el alimento de plantas duras, de poco porte. Yo era él, él era yo, lo humano (que es animal), lo animal (que tiene lo extraño de lo humano). Feliz, enmarcando hasta las heces y la orina un territorio dentro de su territorio, que es territorio de cautiverio. El (yo?) sonriendo, abriendo su boca para tomar lo que le dejan. Yo (El?) feliz de estar adentro, tomando lo que me dejan, sintiendo en la piel, en lo que queda de los dientes, en los escalofríos, en el metabolismo, en el gusto, el ensueño de un destino.
Mi sumisión tiene el tiempo de la vicuña, que es ancho, que es eterno como la medida de una cuenta vana...

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