domingo, 25 de diciembre de 2011

VOS, YO, NOSOTROS, ELLOS

VOS, YO, NOSOTROS, ELLOS

Los yacimientos del amor a las multitudes están vacíos.
La boca se nos hace agua de reconocimiento.
Exhalamos grises a costa de no profanar la virtud.
Igual, en nosotros, es igual a peor que igual.
Te quiero. No te quiero. Mentirte que sí. Mentirme que no.
Tus éxitos me enojan. Tus fracasos me destruyen (aunque ello te obligue a comer de mi mano).
Subcomandantes de las pésimas.
Pasajeros de la cronicidad.
Monolitos con peso en la voz y sangre en la oreja.
No-ahincos que nublan el cielo cuando brilla el sol.
Alientos apelmazados en las palabras archirremanidas, en las voces recurrentes, en los ademanes estampados.
¡Cómo indisponen las certezas!
Igualitarios, siempre (por más que dividamos en subcategorías a los hombres).
Ya no atravieso tu puerta. Entro por tu ventana y regreso treinta años mientras vos envejecés otros treinta.
Así nos fuimos alejando del silencio del otro...
¿Deseamos, en verdad, un hombre, al cual se conmemore, en vida, en los aniversarios?

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